Cómo saber si una vela usada todavía vuela
Por el año no se sabe. Hay velas de 2016 con la tela mejor que otras de 2022, y la diferencia no se ve ni se toca: se mide. El taller aprieta un porosímetro contra el extradós y cuenta los segundos que tarda el aire en atravesar el tejido. Cuanto más tarda, mejor está. Por encima de 200 s es tela sana; por debajo de 15 s la vela ya no es apta para volar, dé lo que dé el resto.
Ese número es la única pregunta que hay que hacer antes de ir a ver una vela, y es también la que casi nunca se contesta en un grupo de WhatsApp. Aquí no lo escribe el vendedor: entra desde la hoja del check y sale en la ficha con el nombre del taller y la fecha. Si un anuncio no lo trae, también se dice — «sin check» es información, no un hueco.
Después mira la clase EN y el rango de peso en vuelo. Los dos vienen de la homologación, no de lo que nadie recuerde, y entre los dos deciden si la vela te sirve antes que ningún otro dato. Una vela preciosa dos tallas fuera de tu peso no es una ganga: es una vela que no puedes volar.
Y lo último, que es lo que casi nadie mira: el historial es del ejemplar, no de quien lo vende. Horas, revisiones e incidentes van pegados al número de serie y se quedan con el equipo cuando cambia de manos. Por eso dos velas del mismo modelo y la misma talla pueden no valer lo mismo, y por eso aquí van en anuncios separados en vez de fundidas en un «desde».